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Por favor, ya no fumes.

22 Mar

Paul Eugene VanDunk con su nieta Alexis Dennison. La fotografía es de su madre, una víctima del cáncer.Paul Eugene VanDunk con su nieta Alexis Dennison. La fotografía es de su madre, una víctima del cáncer.

En el año 2003, la mortalidad asociada al tabaquismo incidía en 13 mil 500 personas diariamente. Basadas en las tendencias actuales, las cifras aumentarán a diez millones de muertes anualmente entre el 2020 y 2030, de las cuales siete millones tendrán lugar en países en desarrollo. Asimismo, los fumadores que comienzan a fumar en la adolescencia y siguen fumando regularmente, tienen 50% de probabilidades de morir a causa del tabaco, la mitad de éstos morirá antes de los setenta años, con una pérdida de 22 años de esperanza de vida normal. Esto significa que los 22 últimos años de su vida la pasarán miserablemente sin poder respirar o con alguna terrible enfermedad.

Para 2020, la OMS estima que el tabaco causará más muertes alrededor del mundo que el VIH, la tuberculosis, la mortalidad materna, los accidentes de vehículos, el suicidio y el homicidio, combinados.

Tengo miedo.
Siempre me ha desagradado el cigarro. Cuando era pequeña mi papá tenía prohibido fumar en casa así que lo hacía en el baño, encerrado tras una puerta. Nunca se me había ocurrido preguntar por qué no podía fumar en cualquier lugar de la casa hasta que era adolescente. Fue entonces que supe que cuando yo era pequeñita mi papá en un descuido y sin querer me había quemado en la muñeca izquierda con su cigarro. Siempre había tenido esa cicatriz ovalada con textura en mi muñeca izquierda pero no sabía por qué. No recuerdo cuando esto pasó ni tengo rencor hacia mi padre por la quemadura pero desde el momento en que supe lo que significaba esa marquita ovalada entendí el rechazo permanente de mi madre hacia que mi papá fumara cerca de nosotras. Mi niñéz se desarrolló en los ochentas, época en la que fumar no era mal visto. Incluso seguía fuertemente la idea de que era sexy, elegante y distinguido. Afortunadamente mi madre no fuma así que crecí en una casa relativamente libre de humo. Digo relativamente porque a pesar de estar confinado al baño el humo del cigarro de mi papá se colaba por entre las rendijas de cada puerta y ventana.

Siendo adolescente probé emocionada lo que era fumar. Recuerdo que entre mi amiga Lety y yo nos fumábamos con trabajo un cigarro. Corría el año de 1993 y en una Noche Colonial de La Salle Lety y yo recorríamos con cigarro en mano la escuela. Nunca me gustó. El sabor era desagradable y medio cigarro me producía asco y mareo. Al finalizar la secundaria ni Lety ni yo fumábamos y sabíamos que sería para siempre. Fue hasta la universidad que estuve más en contacto con el cigarro. Compañeros y maestros los prendían rápidamente y sin siquiera contemplar si era una molestia para alguien. Más tarde cuando entré a trabajar en mi primer agencia de publicidad fue cuando empecé a sufrir por el cigarro. Todo mundo fumaba y además lo hacían en su lugar. La agencia estaba llena de humo y a nadie parecía importarle que hubiéramos no fumadores ahí. Era el año 2001 y el conocimiento del cigarro como causante de cáncer era ya bastante difundido. Debo admitir que aunque amaba mi trabajo odiaba profundamente respirar todo el día el humo de todos los que estaban a mi alrededor.

Así, en 2003, cuando entré a trabajar a Y&R mi padecimiento como fumadora pasiva empeoró. Las instalaciones eran oficinas viejas a las que el aire acondicionado no se le había dado mantenimiento nunca. La oficina estaba forrada de alfombra y como era un edificio en medio de Bosques de Duraznos estábamos entre dos lomas que hacían que la oficina prácticamente estuviera bajo tierra. Lo anterior implicaba que no había ventanas abiertas, dependíamos totalmente del aire acondicionado. El resultado era un lugar en el que el humo del cigarro permanecía encerrado. La gente a mi alrededor parecía fumar más que nunca y mi amiga Gina padecía de rinitis aguda. Su doctor le había dicho que llevaba meses enferma porque no dejaba de fumar. La nota relevante del caso es que Gina no fumaba. Después de saber esta noticia y de hacer un recuento de las veces que llegaba a casa con la ropa y cabellos apestados a cigarro decidí hacer algo. Nos juntamos algunos no fumadores y optamos por recolectar firmas para que se prohibiece fumar dentro de las instalaciones. Yo fui la única con el valor de recaudar firmas personalmente y de cara a cara. Así, fui persona por persona pidiendo firmas. Hubo mucha gente que firmó, incluso fumadores. Sin embargo hubo algunas personas, todas fumadoras, que se declararon en mi contra abiertamente. Sufrí de discriminación por parte de personas laborando en Y&R y una caricatura mostrando mi asesinato fue puesta en una puerta de salida de emergencia, que era el único lugar permitido para fumar cuando finalmente se prohibió hacerlo en las oficinas. Una mujer que era productora de TV definitivamente me retiró el habla y no podía controlarse cuando manifestaba histéricamente su desacuerdo con esta nueva regla. Lo más irónico de todo es que en aquél entonces yo llevaba la publicidad de la cuenta de Delicados, marca de cigarros de Philip Morris. Durante tres años y cacho hice la publicidad de estos cigarros y no saben cómo me arrepiento de haber participado en la promoción de la actividad de fumar.

Afortunadamente cambié de trabajo y llegué a mejores lugares en donde a pesar de que sí se encendía un cigarro de vez en cuando no tenía yo que trabajar entre humo todo el día. Algo que me dió mucho gusto es que la agencia de publicidad donde empecé a trabajar se tenía como política global no hacer publicidad para cigarros. Así que yo también decidí jamás volver a trabajar en favor de ninguna tabacalera. Jamás en mi vida.

Mucha gente me pregunta ¿qué tengo yo en contra del cigarro? Nadie en mi familia, gracias a Dios, ha muerto a causa del tabaquismo. No he perdido tampoco a ninguna persona amada por esta causa afortunadamente. Sin embargo, sé lo que esta enfermedad puede hacer. He oído, visto y leído historias terribles de familias que pierden a un ser querido a causa del cáncer. He visto documentales donde se muestran gente con afectaciones físicas severas ocasionadas por el cigarro. Sé que tarde o temprano el tabaquismo afecta la vida de las personas y no sólo les quita años de vida, si no que lo peor es que los años de vida que les restan son de una terrible calidad.

La razón principal por la que promuevo el no fumar es porque tengo miedo. Un miedo terrible que puede ser descrito como pánico. Me asusta de manera asombrosa el imaginar a alguna persona que yo amo atravesar por una enfermedad provocada por el tabaquismo. Quiero que mis padres vivan para ver a sus nietos y para que estén conmigo y mis hermanas para siempre. Quiero que mis hermanas tengan unos bebés hermosos y puedan ser madres por mucho tiempo y así acompañen a sus hijos mientras ellos las necesiten. Quiero que mi pareja y yo tengamos una familia y que todos estemos sanos y fuertes para estar juntos muchos, muchos años.

Me llena de miedo vislumbrar la posibilidad de perder a un ser querido con una enfermedad que es completamente previsible. Cerca de medio millón de personas en Norteamerica morirán a causa de enfermedades provocadas por el humo del cigarro cada año. Un tercio de estas muertes será ocasionado por cáncer de pulmón. Cada mujer, que haya fumado alguna vez en su vida y a pesar de haber dejado de fumar corre un riesgo diez veces mayor de morir de cáncer de pulmón que de cáncer de mama.

Así que por favor, te lo suplico, ya no fumes.

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1 comentario

Publicado por en marzo 22, 2008 en Anécdotas, Notas, Salud

 

Una respuesta a “Por favor, ya no fumes.

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